Amor

viernes, julio 02, 2004

Hoy vi a un par de chicas hermosas. Se subieron en el mismo camión en el que iba, justo enfrente del templo de Santa Rita, en Chapalita; pero cuando les digo que eran hermosas, es porque realmente eran muy bellas.
Olían como a Flores, a limpio, como si recién se hubieran bañado. Eran dos chicas fresitas, alegres como las flores. Lo primero que les vi fue sus hermosos ojos negros, enormes, tapatíos. Una de ellas vestía con una falda sastre y una blusa negra sin mangas y zapatos de tacón de un tejido de ixtle. La otra también vestía de negro pero con un pants blanco extra acampanado.
Creo que está de más decir que tenían un culo fantástico (como me gustan) y unas chichis bastantes aceptables. Sus ojos estaban super poblados por pestañas gruesas y largas, como esas que anuncian en los comerciales de Revlon y su puta madre.
Una de ellas se sentó a mi lado, ya que siempre ocupo el lugar de la ventanilla. Pude sentir como sus nalgas se desparramaban en el asiento y hacían contacto con mi cuerpo, era una sensación bastante agradable que provocó algunas pulsaciones sanguíneas en mi pene.
Sus sonrisas eran despistadas y ligeras, como son las sonrisas de las hembras tapatías. Pero luego luego se desocupó el lugar de la chica de pantalones acampanados y la de la falda sastre se alejó de mí para no regresar nunca más.
Me enamoré fugazmente, no puedo negarlo. Sentí el deseo de hablar con ellas y conocerlas e invitarlas a salir conmigo y emborracharnos para crear la posibilidad de besuquearnos, o de conocer sus almas y hacernos amigos.
Pero solo pude mirar como se bajaron del camión a la altura del Centro Magno y mirar como se alejaban de mi vida para siempre, y yo me quede lamentando mi cobardía.
Como sea, ahora las recordaré por siempre como las musas que inspiraron este post.
Keeep on Bloguin.

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