La Caja 3 (continuación)

miércoles, noviembre 17, 2004

II

Al llegar al departamento pusieron la caja en el centro de la mesa mientras que sacaron todos los maravillosos regalos que la casualidad les había obsequiado. Parecían niños en navidad.

-“No mames, que pinche buena suerte tenemos ¿Cómo cuanta feria hay?�- dijo el Chapo mientras vaciaba una bolsa de coca sobre la mesa de cristal y se disponía a inhalarla.

-“Como cinco bolas�- respondió Billy en tanto contaba el dinero.

-“¿Quién la habra dejado ahí?�- preguntó el Oso.

-“Ha de haber sido un pinche dealer de droga que huyó de la policía y dejó su mercancía ene l parque para que en caso de que lo agarraran no le encontraran nada�- respondió Billy.

-“Vale verga de quien sea, lo importante es que ahora es de nosotros y nos la vamos a pasar de poca madre esta noche�- interrumpió el Chapo eufórico por los efectos de la cocaína, al tiempo que preparaba un cigarro de mota en un boleto de camión.

Prendió rápidamente el carrujo, absorbió tres veces de el sin soltar nada de humo y se lo pasó al Oso. El Oso lo agarró tímidamente y parecía que no se animaba a fumar, pero de cualquier forma lo hizo, atragantándose con el humo que lo puso a tose fuertemente por un rato. En eso, Billy se lo pidió al Oso y mientras se recargaba en el respaldo de la silla le dijo:

-“Esta regañona ¿Verdad?�-

Billy fumó tranquilamente, lo suficiente para ponerse “bien�. Todavía no se había acabado el cigarro cuando el Chapo ya tenía listo otro, lo prendió y fumó de la misma manera en que lo hizo anteriormente y se lo pasó al Osos quien aun no se reponía de la tos. Éste sólo fumó una vez más y comentó:

-“Yo ya estoy chido�- Le convido a Billy, quien contestó:

-“No güey, gracias, a mi todavía me queda de éste�- pero el Osos no lo escuchó, estaba muy concentrado mirando las caja sobre la mesa y aun permanecía con la mano extendida ofreciéndole el cigarro a Billy.

-“¡Ey! Te están hablando pendejo. Haber, presta acá�- Dijo el Chapo al momento en que le arrebataba el cigarro al Oso y lo regresaba a la realidad.

-“Este güey ya anda bien pacheco�- dijo Billy y explotaron las carcajadas en el pequeño departamento.

El Osos comenzó a imaginar lo que haría con la parte del dinero que le tocaba, no podía dejar de soñar por un momento. Él apenas tenía 15 años, aun no terminaba la secundaria. Era una persona noble y de buenos sentimientos. Lo único que compartía con sus amigos era el deseo de aventura y la ansiedad por vivir rápidamente, el afán de experimentarlo todo.

Su mamá era una agente del ministerio público que tenía exceso de trabajo y casi no estaba con su hijo. El Oso quería, más que nada en el mundo, tener mucho dinero para que algún día su jefa dejara de trabajar, pues en su conciencia estaba el remordimiento de que su mamá en ocasiones trabajaba turnos de 24 horas continuas para poder sostener la casa. Así que pensó en ahorrar el dinero que ahora tenía o al menos gastarlo y no tener que pedirle a su mamá durante un buen tiempo. Se podría decir que sus amigos eran como sus hermanos.

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