PIXIES LIVE IN GUADALAJARA

miércoles, octubre 20, 2010

Me gusta que me sigan emocionando cosas sencillas como ir a un concierto, sentir ese nervio que se combina con ansiedad y expectación, checar los setlist de las presentaciones anteriores para ver más o menos qué  van a tocar y ya de plano si eres un obsesivo como yo, hacer una lista de reproducción para tripearte como si ya estuvieras ahí.

Pero ahorita siento que las palabras salen sobrando, que todos los que estuvimos ayer en el auditorio Telmex sabemos que una energía fluyó anoche, por lo menos yo terminé exaltado y con una especie de rush emocional por haber visto a unos de los héroes de mi adolescencia, los Pixies.

Pero creo que me iré un poco atrás, porque no puedo dejar pasar el hecho de que el sábado por la noche también vi a Arcade Fire.

I need some darkness someone please cut the light

Ni las cumbias de la fiesta familiar en la que estaba, ni las cortesía sociales, ni el alcoholímetro y mucho menos el whisky que bombeaba como gasolina en mis venas me impedirían ver a Arcade Fire, así que pisé el acelerador a fondo para poder estar cuanto antes en el Teatro Estudio Cabaret la noche del sábado.
Eran las 9:50 y los canadienses ya iban por la 8 canción cuando llegué. Sonaba Crown of Love mientras buscábamos nuestro lugar y mi sangre hervía de coraje por haber llegado tarde, por la puntualidad de Ardade Fire, por no poder echarle la culpa a nadie.



No pude disfrutar el concierto como era debido, la gente brincaba y coreaba las canciones que pareciera que fueron creadas para cantarse en estadios, pero que gracias a las bonanzas de la etiqueta indie que pretende desmitificar la figura del rockstar, los teníamos a solo unos cuantos metros de nosotros en uno de mis foros favoritos de esta ciudad.

Traté de entregarme a su música pero no pude, el concierto transcurrió demasiado rápido para mí y terminó cuando apenas yo comenzaba a soltarme.

Solía criticar a quienes se la pasaban todo el concierto con sus cámaras y celulares grabando sin prestar mucha atención a la música y lo sigo haciendo, pero después de ver unos videos que pasaron y bajé directamente de una cámara Sony Carl Zeiss y poder revivir aquello de lo que fui parte, pero me perdí, es genuinamente invaluable.

Lo bueno de los videos que tengo es que el audio se escucha muy bien y no hay alguien a un lado gritando desafinado las canciones (no sé si porque no se las sabían o porque no se prestaban) pero el sonido de las grabaciones salió casi limpio y la cercanía del escenario más la nitidez de la imagen le dan un valor extra que el simple hecho de tener un recuerdo borroso y mal grabado por un celular.

 Ahora que veo los videos puedo percibir ese sentimiento que estaba nublado por el coraje, revivo la emoción y me traslado a esa noche del sábado donde las cosas pudieron haber sido diferentes y en lugar de incubar el coraje te hubiera besado y abrazado mientras sonaba Tunnels o algo así.

Pero el hubiera no existe (aunque pudo haber existido)  y el siguiente día siempre es buen día para comenzar de nuevo. Algún día los volveré a ver, lo juro.



¡Di algo, lo que sea!

Lunes de encargos, Anuar despierta enfermo y no va a la escuela, me olvido de avisar que vayan a recogerlo, mi televisión descompuesta y visito muchos lugares pero las cotizaciones no bajan de precio, había quedado de ir con mi padre para llevarle una computadora, ni en pedo llego, bueno, al menos podré recoger a Miriam, le marco para avisarle pero el teléfono se quedó sin pila, cuando por fin puedo cargarlo todo el día parece haberse ido al carajo para mí, quedando mal con todos. Una llamada de teléfono diciéndome que hay un boleto de James con mi nombre, y de repente las cosas comienzan a cambiar, hornazo en el coche, una fila kafkiana que no avanzaba a ninguna parte porque el ingreso al Teatro Diana estaba restringido por el tardío soundcheck de la banda, incomodidad por estar parado y la operación de mi rodilla, entonces me acerco a la puerta para pedir que me dejen entrar al lobby e irme acercando a las escalera y no tardar una eternidad en subirlas, pero inesperadamente nos hacen ingresar por el elevador y tuvimos sitio preferente (primera fila del primer balcón) para ver a James.

Soy honesto, de ellos no conocía más de 5 canciones y después de un inicio de rolas que no podía identificar, extrañamente (para mí) la gente las coreaba bien prendidos, bailando mientras Tim Booth se apoderaba, no solo del escenario, sino de todo el recinto ya que llevaba su voz ( la cual sigue siendo magnifica y todavía alcanza las tonalidades de hace varios lustros)  y su persona por en medio del teatro, caminando entre la gente sobre las butacas, cantándole a las hermosas chicas tapatías, sometimes when I look in your eyes I can see your soul, y parecía que podía verles el alma.


Algo que me llamó mucho la atención era la clase de gente que estaba en Diana esa noche, no era el clásico treintañero que venía a recordar épocas pasadas (bueno, o sea, esa era el público abundante) sino mucha banda fresona, pero de esos gueyes y morras que hablan como los de RBD, sas como oooey, y auténticos yuppies de la onda de Patrick Bateman.

Me toco hasta ver a un bato que, parado con los ojos cerrados mientras escuchaba la música, hacía movimientos con sus manos, como si agarrara el aire y lo jalara hacia él y doblaba sus manos por detrás acompañando con sus brazos la música. Buen nivel traía ese master. Cuando una banda puede causar ese estado, independientemente de si te gusta o no te gusta, merece todo mi respeto.

If men is five then the devil is six

Arcade Fire y James realmente fueron un preludio para este concierto. Una banda a la que no soñé nunca ver, quienes ya se habían desintegrado cuando yo los conocí, una  banda que sentía que era solo mía (aunque claro que yo todavía sigo coleccionando grupos que componen sus canciones exclusivamente para mí y que solo comparto a personas especiales) y me lamentaba el no haber tenido la edad suficiente para vivir en el mismo momento que ellos, una banda llamada simplemente Pixies.

Ya había escrito lo que Pixies significan, no hay mucho más que agregarle; surtidos con unas carlsberg que vaciábamos en el tráfico intenso de la avenida Américas, sospeché que la mayoría de los autos iba al concierto, pero al llegar al estacionamiento estaba fluido y nos tocó un lugar relativamente cercano al Auditorio.

Me sentía muy emocionado, los días anteriores me había negado a leer sobre sus actuaciones en el Teatro Metropolitan y en el Corona Capital Fest, solo sabía que tocaban más de 25 canciones y que usualmente tenían dos encores . La verdad Pixies es un grupo de los que me gustan casi todas sus canciones, de quienes seguido escucho todos sus discos en una sola sentada y estaba dispuesto a escuchar lo que sea sin solicitar ninguna canción (más que The Happening o Alec Eifel pero son canciones que no suelen tocar), dispuesto a entregarme completamente al espíritu del Rock and Roll.

A estas alturas está de más decir que mucha gente iba al concierto porque les gustaba la de “Where's my head” (sic) , pero en realidad a mí no me molesta, al contrario, me da gusto que la gente considere a los conciertos como una alternativa de vida nocturna diferente a refundirse en un antro para empedarse. Claro que me da coraje que se agoten los boletos porque hipsters y villamelones no pueden perderse EL evento donde hay que figurar y es bien fácil criticar al hipster o al villamelón desde un blog o decir necedades en twitter y facebook, nos sentimos con el derecho de juzgar a quien asiste a un concierto de una banda que no conoce o que solo ha escuchado una canción, pero imaginemos lo siguiente. Corre el año de 1993, en una revista leíste que a Kurt Cobian le gustaban un chingó los Pixies y que sus canciones eran copias de ellos, sus palabras llaman tu atención y como sea investigas sobre la banda, buscas en casa Wagner, Musical Lemus, Discotecas Aguilar y nada, hasta preguntas en el Quinto Poder y ahí si los conocen pero te mandan a la verga porque no venden esas mamadas, entonces ubicas a alguien quien te rola un casette mal grabado con una sola canción que te encanta, que no te cansas de escuchar y ¡así de repente anuncian que esa banda va a tocar a tu ciudad! ¿Dejarías de ir porque solo conoces una canción?


Habiendo de todo tipo de personas en un sitio tan grande como el Auditorio Telmex, me formé para compara cerveza, muchas personas de mi edad, lamento decir que las chicas y chicos de mi generación no envejecieron con dignidad (con sus excepciones, claro) aunque tampoco recuerdo que hayan sido muy bonitas tampoco, basta con comparar con la calidad de chicas que se vieron en el de Arcade Fire.
Cuando comenzaron los acordes de Bone Machine abandoné la fila de la cerveza y corrí a mi lugar, mis favoritas del concierto de anoche fueron las mismas favoritas de los discos (Debaser, Wave Of Mutilation, Monkey Gone To Heaven, Hey, Gouge Away, Velouria, Caribou, U-Mass), y es que la música de Pixies es simple, contundente, no es difícil que en directo suenen como en los discos.

Sí, los años han pasado, Frank Black ahora tiene lonjas en la nuca y Kim Deal no puede con su marimachismo, Joy y Love nunca pintaron en la banda y a pesar que se niegan a sacar un nuevo disco como Pixies (Breeders y Black Francis no tiene más de años que lanzaron nuevos materiales) solo tocan por roer el hueso con sus canciones viejitas, a pesar de que siempre han sido unos ñoños y unos nerds, sus música es poderosa, sus canciones extrañamente pegajosas, y qué más, son los Pixies

Lo bueno de que ahora vienen grupos que no esperamos nunca que vinieran es ¿Qué tal que en una de esas viniera Beck y les abriera Breeders?

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